Estoy más huevón
Mi trasplante de hígado, la suerte de mi vida
MADRID.– Raphael se ve “más tranquilo, más huevón, en el sentido de que yo salgo ahora al escenario pisando huevos. Antes salía como muy acelerado, y ahora salgo a disfrutar. Pero distinto, no. Sigo siendo igual”, explica en entrevista con el diario El País.
Después de 10 lustros de chorro de voz enlatada en más de 50 millones de copias; un trasplante de hígado que considera la suerte de su vida; un disco, 50 años después, donde colaboraron muchos de sus compañeros de andanzas, y una gira por América Latina, Raphael aparece más templado.
“Yo no me tengo que poner nunca a tono de nada. Yo soy como soy, y el que me quiere, me quiere así, y si no, buenas tardes. Al pan, pan; y al vino, vino”, advierte.
Se encuentra al filo de los 70 y ha perdido –o aparcado– gran parte de sus tics histriónicos.
Se le ve menos brazo de mar, con menos decibelios y menos revoluciones.
Menos invasivo.
“Haz lo que te dé la gana sin molestar a terceras personas. Ir por la vida sin herir a nadie, y haciendo lo que te gusta, además, pero sin tener que pasar por el cadáver de nadie, es una buena cosa”, su filosofía.
No es que sea normalito.
Sería borrar de un plumazo su medio siglo de micrófonos y escenarios.
Pero se presenta reidor y tranquilo.
Y cuando se sienta en el sofá parece casi modoso.
“Yo soy mejor que aquel, en el sentido de que he aprendido muchísimo. Me gusta aprender. Soy como una esponja. Soy un chico bastante aplicado. Y no pude decirlo así, estaría más p’allá que p’acá”, explica.
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