Al Sisi lanza ultimátum a Egipto

El general ha sido señalado como la principal causa de una posible insurrección que convierta a Egipto en un Estado fallido

alsisi560EL CAIRO.- El comandante de las fuerzas armadas de Egipto y cabeza visible del golpe de Estado del pasado 3 de julio, el general Abdel Fatá Al Sisi, advirtió hace unas horas a los islamistas de que no tolerará “la destrucción del país y su gente, o el incendio de la nación”.

El mensaje quedaba claro: el Ejército, que ha tomado el control total del país, no tolerará más desafíos por parte de los Hermanos Musulmanes. No habrá más campamentos o “días de la ira” sin que actúen ante ellos con contundencia las fuerzas de seguridad.

Este domingo, un motín de islamistas que estaban siendo trasladados a un centro penitenciario en El Cairo se saldó con al menos 36 muertos, después de que la policía utilizara gases lacrimógenos contra los presos que intentaron escapar del camión con la ayuda de un grupo armado en otro vehículo, según el ministerio del Interior.

El 26 de julio, el día en que el general Al Sisi dijo recibir su mandato de las grandes marchas callejeras, murieron al menos 80 personas en ataques y cargas de las fuerzas de seguridad. Pocas, comparadas con las más de 800 bajas registradas desde el miércoles, tras el desmantelamiento de los campamentos islamistas en Giza y El Cairo.

Este domingo, después de que la Unión Europea (UE) dijera que reevaluará sus relaciones con Egipto, el ministro de Exteriores de este país, Nabil Fahmi, se esforzó en aclarar que, según su opinión, los nuevos gobernantes no luchan contra un movimiento social y político que llegó al poder por medios legítimos, sino contra terroristas armados.

“Los actos violentos que ha cometido la otra parte –apuntó Fahmi– no han sido reconocidos o condenados por occidente. Confío en los militares, y estoy seguro de que nuestros oficiales no están obsesionados con el poder”.

No es esa la impresión que se han llevado numerosos enviados internacionales que se han reunido en privado con el general Al Sisi. A principios de agosto visitaron El Cairo dos senadores norteamericanos, los republicanos Lindsey Graham y John McCain, enviados por el presidente Barack Obama. Ambos le dijeron al comandante que lo lógico sería convocar elecciones y dejar que los Hermanos Musulmanes se presentaran, pues sería muy poco probable que volvieran a ser reelegidos. Le pidieron, además, que liberara a Mohamed Morsi, el presidente depuesto, que se halla bajo arresto militar desde el golpe. Al Sisi se negó a escucharles o a ceder y, después de su marcha, autorizó las cargas mortales de los pasados días.

Por su parte, el senador republicano de los Estados Unidos, Lindsey Graham, apuntó que “Egipto se va a convertir en un Estado fallido”, evaluando su visita a El Cairo. “La hermandad volverá a la clandestinidad. Al Qaeda acudirá a su ayuda. Y habrá una insurgencia armada, no sólo protestas, en 60 o 90 días”, añadió. En privado, el senador ha dicho a otros legisladores y a oficiales de la Casa Blanca que cree que Al Sisi está “borracho de poder”.

En otro frente en Egipto, las autoridades judiciales egipcias han ordenado la liberación de Hosni Mubarak, el expresidente encarcelado que fue depuesto por las revueltas de la primavera árabe en febrero de 2011, después de que se haya superado el plazo de prisión preventiva en un caso de corrupción, según informó The New York Times. De todos modos, las autoridades todavía pueden encontrar el modo de mantenerle bajo arresto.

La liberación del expresidente, en el poder durante tres décadas, introduciría un nuevo elemento de inestabilidad en la crisis política que vive el país. Los únicos argumentos legales que justifican la permanencia de Mubarak en prisión dependen de otro caso de corrupción que también será resuelto esta semana. “Todo lo que queda es un proceso administrativo que no debería extenderse más de 48 horas. Debería ser liberado al final de la semana”, ha explicado el abogado de Mubarak.

Sobre el expresidente, de 85 años, todavía penden cargos de complicidad en el asesinato de manifestantes durante las protestas de 2011. Mubarak estuvo en el poder entre 1981, tras el asesinato del presidente Anuar el Sadat en un atentado islamista, y 2011 cuando fue depuesto por el levantamiento popular de amplios sectores de la sociedad egipcia que reclamaban un sistema político abierto, transparente e inclusivo.