Papa conquista Brasil

El carisma de Francisco conquistó a los más de 3 millones de peregrinos que se reunieron en Río de Janeiro para la misa de clausura

EL VATICANO.- Después de una semana en Brasil, este lunes el papa Francisco llegó a El Vaticano. Pero antes, se dio tiempo para platicar, en pleno vuelo, con los reporteros que lo acompañaron en la gira. A ellos les dijo que no condena a los homosexuales y que deben ser integrados en la sociedad, y se mostró contrario a los lobby, incluido el que supuestamente opera en la Santa Sede.

«En un lobby no todos son buenos, pero si una persona gay busca al Señor y tiene buena voluntad, quien soy yo para juzgarla. El Catecismo de la Iglesia Católica explica y dice no se deben marginar a esas personas y que deben ser integradas en la sociedad», afirmó.

Francisco abogó por un mayor papel de la mujer en la Iglesia, pero rechazó que puedan acceder al sacerdocio al señalar que sobre ese tema «la Iglesia ha hablado y ha dicho no. Lo dijo Juan Pablo II con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada».
Pero más allá de estas declaraciones, el balance general de la primera gira internacional de Francisco es positiva.

Y es que el carisma del Papa argentino conquistó a los más de 3 millones de peregrinos que se reunieron en las playas de Río de Janeiro para la misa de clausura del XXVIII Jornada Mundial de la Juventud.

Ello demostró que los jóvenes simpatizan con Francisco, quien no dejó a nadie indiferente y sin duda marcó un estilo distinto con el que quiere que la Iglesia católica afronte los nuevos tiempos.

Fue en este evento, el más multitudinario en la historia de la ciudad de Río de Janeiro, donde el papa Francisco pidió a los jóvenes que después de la experiencia vivida en Río difundan la fe católica sin miedo y conquisten más adeptos para la Iglesia.

Este nuevo rumbo que empieza a mostrar Jorge Mario Bergoglio fue evidente cuando se reunión con los jóvenes argentinos. A ellos le dijo: “Quiero que salgan a la calle a armar lío, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que la Iglesia abandone la mundanidad, la comodidad y el clericalismo, que dejemos de estar encerrados en nosotros mismos. Que me perdonen los obispos y los curas, pero ese es mi consejo”.

Animó a los jóvenes a no tener miedo de “ir a contracorriente”. Les confió que había seguido “atentamente” las noticias sobre los cientos de miles de jóvenes que en muchas partes del mundo, y últimamente en Brasil, se han manifestado en las calles “para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna”.

Pero no todo quedó ahí, pues también dio un espaldarazo a los indignado, jóvenes que se han manifestado, sobre todo en Europa, contra la crisis que les aqueja: “Quieren ser protagonistas del cambio. Los aliento a que, motivados por los valores del evangelio, sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas presentes en sus países”.

Así, podemos afirmar que Francisco regresó a Roma más fortalecido, dispuesto a enfrentar un reto mayor: la reforma de la Curia y, sobre todo, del banco del Vaticano, señalado de lavado de dinero.