VERDADES OCULTAS

¿REFORMA O TRANSFORMACIÓN DEL FMI?

El FMI debe plantearse un cambio de fondo o de lo contrario perderá vigencia para enfrentar los retos de hoy

Por Haydee Moreyra*

Foto HaydeeLa semana pasada fue la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Como en otras ocasiones, y como era de esperarse, los temas que se discutieron giraron en torno de la crisis en Europa, la volatilidad financiera, la desaceleración económica, y las políticas monetarias y comerciales. No obstante, un tema que poco se abordó en los medios de comunicación nacionales, y que a mi parecer tiene gran relevancia, es el descontento y la falta de confianza que manifiestan los países emergentes hacia el FMI, al punto de “amenazar” con la creación de su propio banco de desarrollo.

Recordemos que el FMI es una organización internacional creada en 1945. Después de la Segunda Guerra Mundial parecía más que necesario velar por la estabilidad de las monedas (particularmente del dólar) y apoyar en la reconstrucción del sistema de pagos. Con este antecedente es que los países industrializados construyeron un fondo para apoyar con recursos a los países, en su mayoría en vías de desarrollo, que enfrentaban una crisis de pagos. Pero con el otorgamiento de la “medicina” venía la “receta”, en términos de políticas fiscales y monetarias. Es así como el FMI se convierte en el acreedor principal de países con problemas financieros, pero también en el “dictador” de políticas anticrisis.
Pero 68 años después el escenario mundial se ha transformado radicalmente. Hoy en día el peso de los países emergentes —en términos de riqueza o PIB— es cada vez mayor. Los problemas financieros y económicos se han regionalizado, pero tienen consecuencias globales; las políticas de inyección de recursos a cambio de dictar políticas fiscales restrictivas o antiinflacionarias, dejaron de ser sostenibles y vigentes.

Un primer paso hacia el cambio en la institución lo dio la directora general del FMI, Christine Lagarde, quien conminó a países miembros a aprobar el paquete 2010. Este paquete permitiría incrementar el poder de voto a países emergentes, como China e India. También se ha insistido en cambiar la fórmula de cálculo del voto de los países miembros. No obstante, en medio de estos cambios se encuentra Estados Unidos, el cual se ha pronunciado categóricamente por mantener su liderazgo y poder de veto en el FMI (el presidente Obama pidió a su Congreso destinar los 63 mil millones de dólares, que estaban dirigidos a apoyar la crisis en la zona Euro, para incrementar permanentemente el fondeo al FMI).

Otro problema es que los fondos, cuya fuente principal sigue siendo Estados Unidos, han sido canalizados hacia la eurozona. Una región que tradicionalmente está en competencia económica con la Unión Americana. Además, existe una variedad de objetivos e intereses al interior del organismo; Japón y Estados Unidos urgen por una consolidación fiscal (unificar el procedimiento para pago de impuestos a nivel internacional); mientras que el G-20 ha solicitado a la eurozona acelerar el proceso de creación de unión bancaria. Más aún, medidas generalizadas como la política monetaria expansiva o Quantitive Easing resulta propicia para países como Japón, pero “mortales” para países como Argentina o Colombia.

Países emergentes han puesto sobre la mesa el hecho de que el actual Consejo de Gobierno del FMI no ha sido capaz de dar solución adecuada a los problemas que enfrenta la economía mundial y que tampoco le ha dado mayor participación a este grupo de países, pues, a diferencia de las grandes potencias mundiales, se ven obligados a integrarse en circunscripciones y rotar a sus representantes. Quizás por eso no es de sorprender que un grupo de 24 países se haya lamentado por la falta de reformas sustanciales en el FMI y que persista en el ambiente la necesidad de formar un banco de desarrollo independiente, cuya visión sea más ad-hoc con los objetivos de este grupo.

Ciertamente las reformas de 2010 han dado un paso importante para una representatividad más diversificada en el Consejo de Gobierno, pero me temo que la reforma no es suficiente. El FMI tiene que ver hacia una transformación institucional más profunda. En suma: el FMI debe plantearse un cambio de fondo o de lo contrario, me temo, perderá vigencia para enfrentar los retos de hoy.

*Profesora del Departamento de Economía y Finanzas del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe