Aplicarle costo a la salud pública reducirá la obesidad infantil

Hace algunos meses, cuando estuvo presente en la agenda pública mundial el tema de Cuba, tras el fallecimiento de su líder Fidel Castro, resurgía entre los socialistas de hueso colorado y los de clóset, la alabanza a aquel Gobierno autoritario sobre la efectividad de su sistema de salud pública, hecho que tiene algo de razón por lo siguiente:  

·       Cuenta con un buen porcentaje de médicos especializados, con estudios en el extranjero.

·       La ración de comida mensual que da el Estado a las familias cubanas contiene los requerimientos esenciales para el mantenimiento del cuerpo. 

·       No se tiene fácil acceso a la comida chatarra, dulces y refrescos, lo cual  hace más sana a la población. 

[Libreta de racionamiento: Fue creada por Fidel Castro el 12 de julio de 1963 por lo que hace más de 50 años que los cubanos cuentan con un “subsidio” mensual para adquirir productos básicos, como: 5 huevos, 5 libras de arroz, ½ libra de aceite, 1 paquete de café mezclado con chícharo tostado (1/4 de libra), 3 libras de azúcar blanca, 1 libra de azúcar morena, ½ libra de frijoles, 1 Kg de sal cada 6 meses, 1 caja de cerillos, 1 libra de pollo, un pan diario de 80 gramos y leche (solo cuando se tienen niños menores de 7 años)].

Ante este escenario, vemos en Cuba a mujeres y hombres “sanos”, con cuerpos esbeltos y sin mucha grasa. Esta cultura racionalista no le causa gastos al Sistema de Salud cubano, ya que la gente casi no se enferma, no tiene caries, padecimientos cardiacos, hipertensión y demás enfermedades que van de la mano por comer en exceso, aunado a la ingesta de postres, refrescos y golosinas.  

En nuestro bendito México, en donde se carece de una cultura de la prevención, del cuidado de nuestra salud y sobre todo, de disciplina, ocupamos el deshonroso primer lugar mundial en obesidad infantil, y el segundo en obesidad en adultos, de acuerdo a estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la UNICEF y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). 

El Gobierno Federal, los estatales, locales y el Congreso de la Unión han buscado múltiples estrategias para que la ciudadanía aprenda a comer sano, haga ejercicio y no consuma alimentos chatarra. Las hay desde hacer sentadillas en el metro para ganarse un boleto; hacer activaciones físicas antes de entrar a las labores; poner anuncios en los medios de comunicación con la leyenda “come frutas y verduras”, slogan que compite con el “recuérdame” del Gansito Marinela y con la cantidad de puestos de golosinas afuera de las escuelas.

Y una aún más drástica que nuestros legisladores se sacaron de la manga en 2014, gravar con 10% por litro las bebidas saborizadas y con un 8% la comida chatarra, vía el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Sí, amigo lector, es el mismo impuesto que se le aplica a la gasolina. Dijeran por ahí WTF!! 

Resulta imperdonable e inverosímil que a pesar del alza en el precio de estos productos el consumo de refrescos y de comida chatarra siga aumentando. Ya hay estimaciones de crecimiento del 1.3% anual hasta 2020. Tan solo la empresa que vende la deliciosa Coca Cola, en el primer trimestre de 2016 recaudó 19 mil 240 millones de pesos. Como dicen los empresarios refresqueros, México es un mercado maduro por ello sigue creciendo. 

Entrémosle a la reflexión, un poco drástica pero necesaria, porque en este país nada nos gusta, criticamos, pero no damos soluciones. 

En el tema de la obesidad en adultos, en el cual me incluyo, la responsabilidad, gastos y consecuencias corren a cargo de nosotros mismos. Esa es la forma de pensar de muchos de nosotros que a lo único que nos ha llevado es a enfermarnos, depender de los médicos, generarle un fuerte gasto al Gobierno en materia de atención hospitalaria, medicinas, sueldos por la creciente nómina de galenos, etc. 

Lo más grave, es que quien la lleva de perder con este tipo de actitudes poco racionales son nuestros hijos. A su corta edad muchos no tienen la capacidad de discernir si es bueno o malo comer lo que los adultos les dan. Si no hay tiempo de desayunar, con unas donas y un jugo de cajita ya está, si bien les va. O darles dinero para comprarse algo en la cooperativa de la escuela (golosinas). 

A la hora de comer, alimentos refrigerados acompañados por refresco y a veces postre. El fin de semana el buffet de pizzas, hamburguesas, tortas, tamales, papas a la francesa y demás alimentos que contribuyen a generar el sobrepeso. 

Siguiendo esta disciplina a la que sí le entramos, vemos llegar a los hospitales del ISSSTE, del IMSS, del Sector Salud y a los nosocomios particulares a familias regordetas, acompañados de sus hijos regordetes, con malestares que son consecuencia de la obesidad infantil, fruto de la acumulación de grasa en el organismo y que están relacionados con enfermedades crónicas que se les pueden desarrollar como la diabetes mellitus, algunos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, así como enfermedades del riñón, hígado, incluso depresión por la no aceptación de su cuerpo. 

Aquí en el Sector Salud, primer filtro que tiene que pasar todo ser humano después de nacer, es en donde se tiene que generar la cultura de la prevención de la obesidad y de enfermedades relacionadas. Cuando se presenta al médico familiar a un menor de edad sano, con peso y talla adecuada, es responsabilidad de sus papas o los responsables de su cuidado, desde ese momento y hasta la mayoría de edad, de la salud y sano desarrollo de su hijo.  

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2016 (ENSANUT), el 73% de los adultos y el 35% de los niños y adolescentes tienen sobrepeso u obesidad, es decir, en total 60.6 millones de personas (el 52% del total de mexicanos) sufren de esta condición. 

Niños en edad escolar – 5 a 11 años de edad 

  • Tres de cada 10 menores padecen sobrepeso u obesidad

Adolescentes – 12 a 19 años de edad 

  • Casi 4 de cada 10 adolescentes presenta sobrepeso u obesidad

Adultos – Mayores de 20 años de edad 

  • Siete de cada 10 adultos continúa padeciendo exceso de peso u obesidad

 ¿Sabías que la obesidad genera altas pérdidas económicas y reduce la competitividad de un país?

Pues genera:

·       Mayores costos al erario público para tratar enfermedades asociadas

·       Menor productividad laboral

·       Mayores gastos para la población y pérdida de la calidad de vida

En los últimos años la demanda de atención médica ha crecido en forma exponencial a causa de la atención de enfermedades infantiles que antes no se atendían, por lo que ¿cuánto nos cuesta a nosotros?, siendo que el servicio de salud pública es gratuito, pagado por nuestros impuestos.

De acuerdo a datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), los costos por la atención de la diabetes mellitus ascienden a más de 85 mil millones de pesos al año. De esta cifra, 73% corresponde a gastos por tratamiento médico, 15% a pérdidas de ingreso por ausentismo laboral y 12% a pérdidas de ingreso por mortalidad prematura. Este monto, que solo es por la atención de una enfermedad, es de aproximadamente la mitad del presupuesto para la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.

Cada año se pierden más de 400 millones de horas laborables por diabetes asociada al sobrepeso y obesidad, lo que equivale a 184 mil 851 empleos de tiempo completo, lo que a su vez representa 32% de los empleos formales creados hace dos años.

Todas estas cifras ponen de manifiesto que de parte de la sociedad no existe la capacidad de visualizar el daño a la salud y el costo que generan las enfermedades provocadas por el sobrepeso. Aún más, el daño que le están generando a sus hijos sin ser ellos los responsables directos de una situación que va en aumento.

Por lo que una excelente estrategia gubernamental, que generaría un costo político para algunos pero que es necesario llevar a cabo por el bien de muchas personas, es comenzar a cobrar las consultas en el sector salud para los menores de edad, logrando crear consciencia con mano dura como se hizo con el uso del cinturón de seguridad o con la disminución en el consumo de bebidas alcohólicas y accidentes con la instalación de los alcoholímetros.

Al llevar al médico al menor, se le haría un diagnóstico completo para conocer su situación general. De no tener padecimientos congénitos que le pudiesen generar a futuro enfermedades relacionadas con la obesidad, se le programan las citas subsecuentes marcándole límites máximos y mínimos de peso, altura y demás características corporales que debe de ir teniendo conforme a su crecimiento y alimentación.

Si en su siguiente cita los parámetros previstos por el doctor rebasan los límites máximos establecidos por las indicaciones y parámetros médicos, la consulta generará un costo considerable, mismo que haga reaccionar a la familia sobre la desatención al menor. Así y solo así, la responsabilidad de la salud de los menores de edad cae en manos de quien debe de estar.

Artículo transitorio: 

Primero. – Se hace este exhorto a los legisladores de la Comisión de Salud del Congreso de la Unión y de los congresos locales, por el bien de muchas niñas y niños mexicanos.

Segundo.- Si esta propuesta está muy jalada de los pelos, las familias pueden hacer consciencia por el bien de los suyos y por el bien de nuestros impuestos.

Mtro. Iván Olvera Rodríguez
Periodista
Especialista en Comunicación Política