Editorial

 

El hecho es que las inundaciones en el Valle de México forman parte de un problema que data de la menos 400 años y, en correspondencia, anquilosada la capacidad de los ingenieros para encontrar soluciones al respecto

Durante la temporada de lluvias las inundaciones están a la orden del día; las quejas ciudadanas van en aumento pero nadie hace nada para resolver la crisis que año con año revienta al Distrito Federal.

Ahora toca la queja, a la que se unen miles de defeños, la enarbola la Confederación Patronal  de la República Mexicana  (Coparmex)  en el Distrito  Federal,  que cuestionó  severamente los  “paliativos  irreales” emprendidos  por el  gobierno  que encabeza Marcelo Ebrard.

Los empresarios advierten que la capital del país se ha vuelto un caos en las últimas semanas y  dudan que  se pueda enfrentar  un problema de mayor magnitud, como ha estado a punto de ocurrir en los últimos tres años.

Fernando Óscar García  Chávez,  presidente  de la Coparmex no comparte la perspectiva del gobierno capitalino que señalan que el 50 por ciento de las afectaciones y encharcamientos en la Ciudad de México son provocadas por la basura que arroja la gente, es un hecho que las autoridades se  han quedado  “cortas”  para solucionar  este  problema  como es el caso  de  invitar  a los ciudadanos a “adoptar una  coladera”, argumenta el dirigente patronal.

El hecho es que las inundaciones en el Valle de México forman parte de un problema que data de la menos 400 años y, en correspondencia, anquilosada la capacidad de los ingenieros para encontrar soluciones al respecto.

No se debe perder de vista el acelerado hundimiento de la ciudad, como consecuencia de la sobrepoblación, basura, invasiones a zonas de reserva ecológica y a la sobreexplotación de acuíferos.

La capital del país cuenta con un drenaje obsoleto y una de las consecuencias más previsibles de la situación es la probabilidad de “una gran inundación”.

Por eso de nada sirve que el Sistema de Drenaje Profundo, con más de 80 kilómetros de interceptores, además de los 50 kilómetros del Emisor Profundo operen si no existe un verdadero mecanismos para resolver el problema en cientos de colonias del Distrito Federal que se anegan pese a que Ebrard dice que esto no es cierto.

La falta de capacidad del Gran Canal, el Emisor Profundo tiene que trabajar inclusive en la época de estiaje, por lo que no ha sido posible hacer labores de mantenimiento desde hace años.

Conagua identificó a las delegaciones Venustiano Carranza, Cuauhtémoc y Tláhuac, al igual que parte de los municipios de Ecatepec, Nezahualcóyotl y Valle de Chalco, como las zonas más afectadas por depresiones en el terreno.

Esas áreas, según el estudio de la comisión a su cargo, tuvieron hundimientos de entre 22 y 44 centímetros anuales.

En el resto del valle de México se detectaron sectores con depresiones de entre 13 y 22 centímetros, de entre seis y 13 centímetros, y de entre dos y seis centímetros, todos ellos como registros anuales.

Llueve todos los días y las principales vialidades se inundan, la gente llega tarde su trabajo, citas u hogar; las pérdidas durante los “encharcamientos” son millonarias y más cuando los afectados pierden sus muebles cuando el agua ingresa a sus domicilios.

Cada año son miles de millones de pesos los que se canalizan no sólo para atender la emergencia que, desafortunadamente, tienen que vivir numerosas familias asentadas en el oriente y en otras latitudes del Valle de México; sino, también, para construir obras e infraestructura hidráulica que, muy probablemente, no deberían estar ahí.

Llegó el momento en que juntos autoridades, empresarios, representantes populares y ciudadanía debemos pensar también en el largo plazo, tomando en cuenta que, si no se detiene el crecimiento de la población en el Valle de México, las soluciones serán cada vez más difíciles y costosas, no sólo en relación con las inundaciones, sino con todos los servicios, dentro de los que destaca el abastecimiento de agua potable y el problema del transporte.


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