Límite de Seguridad
De mal en peor
Adquiere un enorme significado lo expresado por el obispo católico Raúl Vera López en su demanda de conocer, de dónde provienen los recursos que llevaron al mexiquense a la Primera Magistratura del país
Por C. Agustín M. Xelhuantzi
Muy duro ha sido el mensaje del obispo de Saltillo, Raúl Vera López, que denunció que la elección presidencial se caracterizó por el exceso de recursos públicos ilícitos y prácticas fraudulentas
Fiel a su costumbre llamó al pan pan y al vino vino cuando subrayó que los mexicanos no tenemos, no debemos soportar un narco equipo político en el próximo sexenio.
Vera López lanzó una advertencia que no debe pasarse por alto: “Fíjense lo que nos estamos jugando. Un secretario de Economía, en los primeros dos o tres años del presidente Felipe Calderón, dijo: ‘las cosas están tan mal que el próximo Presidente de México puede ser un narco Presidente’, así lo dijo el Secretario de Hacienda”.
El obispo es claro: “No podemos, con la excusa de una falsa paz social, avalar un proceso lleno de irregularidades y hasta de faltas criminales como lo es el acudir al lavado de dinero, cuya procedencia se quiere cobijar en procesos oscuros que encubren delitos muy graves, y se lleva a fingir un proceso de justicia, aplicando sanciones débiles, como si se tratara de delitos menores”.
Por eso invoca al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a investigar el origen de los recursos utilizados por el Partido Revolucionario Institucional para presuntamente comprar el voto en los comicios del pasado uno de julio.
Los dichos del sacerdote son parte de una corriente dentro de la jerarquía católica que está convencida que algo turbio ocurrió durante los comicios presidenciales y a esos, sus hermanos en Cristo, Vera López se suma en la demanda de que todos sepan si los recursos financieros usados por los priístas para apuntalar a Enrique Peña Nieto provienen de asociaciones criminales: “nosotros no tenemos porqué soportar un narco equipo político en los próximos seis años”.
Los dichos de un personaje de tanto peso como Vera López son parte de ese panorama que padece el país: al menos 11 ejecutados dejó la brutal disputa por el corredor de drogas Acapulco-Cuernavaca durante este domingo; la noche del sábado, un comando integrado por al menos 80 sicarios atacó el municipio de Vista Hermosa, Michoacán, con un saldo de cinco personas asesinadas.
Por eso no es gratuito el deslinde que pretende hacer, una y otra vez el Grupo Financiero Monex, presuntamente involucrada en la supuesta triangulación de recursos en la campaña de Peña Nieto, de participar en operaciones de financiamiento a partidos políticos, pero no suelta prenda y se ampara en la secrecía de las investigaciones que lleva a cabo la autoridad electoral y en su “normatividad interna” para reservarse los nombres de sus clientes y de sus operaciones.
El lunes salió al quite y mediante un desplegado publicado en los principales diarios de circulación nacional, Monex subraya que “ha proporcionado con oportunidad –y lo continuará haciendo—toda la información que las autoridades facultadas le han solicitado” porque además de ser su obligación, aclara, “tiene el compromiso total con la transparencia y la legalidad de sus operaciones”.
Lo cierto es que este escándalo está afectando la credibilidad de los mexicanos en su futuro Presidente y más aún cuando este convoca a hacer un esfuerzo conjunto, consensuado, hacia un nuevo régimen fiscal integral “y no sólo parches” y por eso confía en que la izquierdacomo la derecha asuman una actitud de corresponsabilidad para con lo que hoy demandan los mexicanos.
Los buenos oficios de Peña Nieto, sin embargo, no serán sino propuestas huecas en la medida en que no quede claro que fue lo que sucedió durante la campaña que lo llevó a ganar los comicios presidenciales; seguirá siendo vitupereado y vilipendiado por sus opositores si no demuestra fehacientemente que todas las acusaciones en su contra son falsas.
Por eso adquiere un enorme significado lo expresado por el obispo católico Vera López en su demanda de conocer, de dónde provienen los recursos que llevaron al mexiquense a la Primera Magistratura del país.
Si no hay un hecho contundente que limpie más allá de la duda razonable la elección del uno de julio, siempre Peña Nieto, como sucedió con Calderón Hinojosa –pese a sus buenos deseos de llevar a México a buen puerto–, será visto como un “espurio” y pasará a la historia del México contemporáneo de una comparsa de los poderes fácticos que lo llevaron a gobernar a más de cien millones de mexicanos.

C. Agustín M. Xelhuantzi es coordinador editorial en Nuklear Noticias








