Nutrición

 

LA GENÉTICA DE LA OBESIDAD

Los estudios moleculares, realizados en busca de genes que predisponen a la obesidad, han encontrado la participación de diversas secuencias génicas

Por Alma Pichardo

¿Existen obesos simplemente por pura genética?

La respuesta es NO.

De acuerdo con estudios epidemiológicos, se ha demostrado que la herencia explica alrededor de 33% del índice de masa corporal y los factores ambientales, el 66%. Esto quiere decir que los genes influyen, pero el ambiente determina.

Los estudios moleculares, realizados en busca de genes que predisponen a la obesidad, han encontrado la participación de diversas secuencias génicas. Cada año, se publican los avances del Mapa Genómico de la Obesidad Humana, presentando nuevos hallazgos de genes y regiones cromosómicas asociadas con el fenotipo de la obesidad.

Hace un par de años, se descubrió que existen únicamente 10 genes, que pueden causar obesidad, llamados monogenes. Estos se han estudiado y encontrado algunas alteraciones en el ADN llamadas mutaciones, pero son extremadamente raras y no explican el problema de obesidad en las personas.

El gen más famoso encontrado es el Gen LEP, también llamado Gen Ob (en ratones), el homólogo humano se localiza en el locus cromosómico 7q31.3. La alteración en este gen afecta la Leptina, una proteína que se secreta en la célula grasa o adipocito y tiene una función hormonal a nivel cerebral básica para la regulación del contenido energético y de la reserva de grasa disponible en el organismo.

Esta alteración del Gen LEP, provoca que la Leptina esté muy limitada en su acción en pacientes obesos. Al expresarse en forma incompleta, funciona inadecuadamente provocando una  disminución en la actividad física, disminuye la saciedad por lo que se come más, disminuye la termogénesis, un proceso corporal que genera calor y por lo tanto, gasta más calorías y quema más grasa, También debido a esta alteración de Leptina, hay alteraciones en la fertilidad.

 

Otro ejemplo de alteración monogenética es el defecto en el brazo largo del cromosoma 15, que causa el Síndrome de Prader Willi. La obesidad es un signo de esta enfermedad. En los últimos años, se han estudiado muchas mutaciones monogenéticas, pero son extremadamente raras en el mundo y no explican el problema de obesidad mundial.

Dejando a un lado los 10 monogenes, existen genes que predisponen a la obesidad como el Gen Receptor Adrenérgico B2.  Es decir, de forma genómica podemos ser portadores de un gen específico que predisponga obesidad  mas no la determine.

La mezcla de los genes predisponentes y la interacción con el medio ambiente son los responsables de la existencia de fenotipos con ciertas similitudes, que determinan niveles de glucosa y obesidad similares, los cuales llegan a desarrollar obesidad sólo en presencia de diferentes combinaciones de genes y ambientes.

Entre los factores ambientales que determinan la obesidad en primer lugar está la dieta. Un ingesta energética excesiva y desequilibrada, con exceso de grasas e hidratos de carbono, promueve el desarrollo de la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes.

Otros factores son los hábitos alimenticios incorrectos. Muchas personas hacen una o dos comidas al día, evitando que el metabolismo trabaje adecuadamente; esto aunado a un  estilo de vida sedentario y a diversos factores psicológicos como la ansiedad, la depresión, el estrés  y una baja autoestima predisponen al ser humano a gratificarse comiendo y por consecuencia, a  aumentar de peso, formando un círculo vicioso, difícil de detener.

También están los factores socioeconómicos y la edad. Por cada década de la vida, el metabolismo basal va disminuyendo, cambia la composición corporal por pérdida de masa muscular y aumento de masa grasa. Las investigaciones genéticas de enfermedades crónicas se han enfocado a identificar genes que contribuyan a explicar las vías metabólicas, asociadas a la fisiopatología de padecimientos crónicos, asociados a la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes; sin embargo, no han podido dar respuesta a la compleja sintomatología de estas enfermedades.

Los genes juegan un papel importante para el desarrollo de la obesidad. Pero se requieren múltiples genes que participen en muchas vías metabólicas de termogénesis, apetito, saciedad y anabolismo, asociados a los factores ambientales a los que se ven expuestos cada individuo.

No existe un cromosoma en específico que al estar alterado provoque obesidad (con excepción a ciertas enfermedades mencionadas anteriormente).

Esta es una enfermedad multifactorial donde los genes juegan un papel importante, pero sin que existan los factores determinantes externos no se expresará la enfermedad.

Por más que un individuo tenga una tendencia genética para desarrollar obesidad u otras alteraciones metabólicas, si desde la infancia lleva una vida sana, hace ejercicio, se alimenta de forma adecuada, se encuentra activo durante el día, no desarrollará estas enfermedades. Los genes se adaptarán al estilo de vida activo. Con el estudio del genoma humano y los avances de la ciencia, el tratamiento de la obesidad y  enfermedades metabólicas serán más controlables para mejorar nuestra calidad de vida.

En los últimos 200 años, la cantidad de personas ha crecido exponencialmente en el mundo, ya que el índice de mortalidad ha disminuido y la esperanza de vida, aumentado. Durante el Imperio Romano, la esperanza de vida era aproximadamente de 30 años. En la Edad Media, 40 años. Como resultado de varias leyes de salubridad implementadas  durante el Renacimiento, se logró disminuir la incidencia de infecciones y aumentar la esperanza de vida alrededor de los 50 años. Hoy, la esperanza de vida fluctúa entre los 70 y los 80 años.

Los genes humanos se han adaptado al medio ambiente y se ha logrado gozar de una mejor vida. Debemos de concientizarnos y dejar de hacer responsable por completo a la genética con la típica frase:”Es que en la familia todos son gorditos”. Tenemos que poner más atención en nuestros hábitos y estilo de vida y empezar a responsabilizarnos de nuestra propia salud y la de nuestros hijos.

La doctora Alma Pichardo es médico Bariatra, especialista en Nutrición Clínica, Enfermedades Metabólicas y en la Dieta de Aporte Proteico de Ysonut


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