PULPO EN SU TINTA

 

¿CUÁNTO SABEMOS SOBRE LOS POLÍTICOS?

De esta clase política saldrán decisiones que nos afecten, ¿realmente los conocemos?

Igor Vivero Ávila[1]

 Se ha instalado la LXII legislatura del Congreso de la Unión.

Los senadores y diputados federales que la integran rindieron protesta e integraron sus respectivas mesas directivas.

En total son 628 legisladores.

Son políticos profesionales que tienen experiencias políticas diversas en el ejercicio de gobiernos locales, en el ámbito legislativo, en la dirigencia de los partidos o en el gobierno federal.

La mayoría de ellos junto con quienes integren el nuevo gobierno de la república son personas que han hecho de la política una forma de vida.

De esta clase política saldrán decisiones que nos afecten, ¿realmente los conocemos?

Las campañas electorales que pasaron presentaron políticos que lo pueden todo, basados en la lógica del marketing político nos presentan un “producto” y apelan a la parte emocional del votante para recibir el apoyo.

Sin embargo, la información que se dio en los procesos de selección de candidatos, así como durante las campañas resulta insuficiente para conocer a estos políticos.

Es importante reflexionar sobre qué y cuánto sabemos sobre los políticos.

La respuesta es que nuestro conocimiento es superficial sobre sus trayectorias, actividades, estado físico, emocional y psicológico.

La falta de conocimiento sobre los políticos no es un caso exclusivo de México, es una responsabilidad compartida entre las limitaciones de las ciencias que estudian a la política y la opacidad de quienes se dedican a la búsqueda y permanencia del poder político.

Según el texto de Owen (2010) citado por Alcántara (2012) hay experiencias sobre el   deterioro físico y mental de dirigentes elegidos democráticamente.

Menciona los casos de F. Miterrand en Francia, quien oculto su cáncer durante todos los periodos que gobernó.

O los trastornos físicos y psicológicos de algunos presidentes en los Estados Unidos como Abrahm Lincon, Theodoro Roosevelt, Lindon B. Johnson, Ricard Noxón o John F. Keneddy.

La Ciencia Política al relegar en sus investigaciones al político como objeto de estudio y al aislarse de otras disciplinas como las Ciencias de la Vida (la Biología, Ciencias médicas) para explicar parte del comportamiento de los políticos ha perdido un espacio de reflexión sobre la comprensión y explicación de las decisiones de personajes públicos producto del genotipo y el medio ambiente donde se desarrollan.

¿Hasta dónde han influido las enfermedades (físicas y mentales) de los políticos en sus decisiones?

¿Cuándo ciertos padecimientos dejan de ser un asunto privado y volverse de interés público?

¿Por qué en otras profesiones exigimos certificados y estudios de salud y en la profesión de la política donde existen decisiones que afectan a un colectivo el tema sigue siendo poco debatido?

Quién por su voluntad volaría con un piloto que tenga problemas físicos, psicológicos o qué tenga un adicción al alcohol o las drogas.

No se trata de “certificar” a los políticos, sino conocer más sobre sus comportamientos que producen decisiones que son resultados de componentes biológicos, psicológicos, físicos.

Pocos políticos se atreven a enfrentar sus enfermedades y compartirlas con el público, es el caso de Alonso Lujambio, quien asume su estado de salud  y lo expone.

O Pasqual Maragall en el caso Español, Lula da Silva en Brasil.

Entre más conozcamos  a los políticos mejor comprenderemos sus decisiones y contaremos con mejores herramientas para decidir a qué tipo de políticos apoyamos.

[1] Igor Vivero Ávila es rofesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEM. Twitter @IgorVA


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