El gobierno de Donald Trump y el de Xi Jinping alcanzaron un marco de entendimiento comercial que busca contener la escalada arancelaria y técnica entre ambas potencias mundiales.
El gobierno de Donald Trump y el de Xi Jinping alcanzaron un marco de entendimiento comercial que busca contener la escalada arancelaria y técnica entre ambas potencias. El acuerdo, anunciado tras semanas de contactos de alto nivel, establece una pausa en la guerra económica que ha sacudido los mercados globales durante meses. Contexto histórico
Desde la primera guerra comercial declarada en 2018, cuando Washington impuso aranceles por más de 360 mil millones de dólares a productos chinos para frenar lo que consideraba “prácticas desleales”, las relaciones entre ambas potencias han transitado entre la competencia estratégica y la desconfianza estructural. El acuerdo “Fase 1” de 2020 marcó un alto temporal, pero la rivalidad tecnológica y geopolítica -acentuada por el control de semiconductores, tierras raras y plataformas digitales- mantuvo viva la tensión. La actual administración estadounidense ha retomado un enfoque más pragmático: contener la confrontación sin renunciar a su presión económica.
Puntos clave del nuevo acuerdo
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Las partes acordaron evitar la imposición de aranceles del 100% sobre importaciones chinas que EE. UU. planeaba iniciar el 1 de noviembre.
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China aceptó aplazar restricciones a la exportación de tierras raras, un recurso crítico para la industria tecnológica estadounidense.
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También se comprometió a reanudar las compras masivas de soya y granos, un alivio inmediato para el sector agrícola norteamericano.
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Los mercados respondieron con optimismo: el índice S&P 500 alcanzó máximos históricos y el petróleo subió ante expectativas de mayor estabilidad comercial.
Implicaciones estratégicas
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Para EE. UU., representa un respiro dentro de su estrategia de contención económica a China, reduciendo el riesgo de disrupción en las cadenas de suministro de alta tecnología.
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Para China, significa ganar tiempo para diversificar mercados y reducir vulnerabilidades frente a las sanciones estadounidenses.
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Aun así, los temas estructurales —propiedad intelectual, transferencia tecnológica y subsidios industriales— siguen sin resolverse.
Riesgos y desafíos pendientes
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La confianza bilateral continúa deteriorada; el acuerdo es preliminar y carece de mecanismos verificables.
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Los aranceles suspendidos podrían reactivarse si no se cumplen los compromisos.
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La reconfiguración global de cadenas de suministro mantiene la incertidumbre: el acuerdo alivia, pero no disuelve, la competencia sistémica.
Reacomodo de inversiones
El nuevo entendimiento entre Estados Unidos y China marca un giro hacia la distensión pragmática, más orientada a estabilizar los mercados que a resolver diferencias estructurales. Es un movimiento táctico con implicaciones estratégicas: ambas potencias buscan evitar una ruptura total mientras ajustan su modelo de poder económico. Para el resto del mundo -México incluido-, el acuerdo puede abrir espacio para un reacomodo de inversiones y una mayor previsibilidad en el comercio internacional.
