19 de September de 2021

Faltan 100 días para la COP26, los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París son cruciales

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El autor es socio fundador de Global Optimism y fue Director de Clima de las Naciones Unidas de 2010 a 2016.

Aquellos de nosotros que estamos preocupados por la escalada de la crisis climática nos sorprenderá que las principales potencias petroleras del mundo acordaron la semana pasada aumentar los niveles de producción. La OPEP habló del “fortalecimiento de los fundamentos del mercado”. Quizás a corto plazo. Sin embargo, el último acuerdo del cártel no puede ocultar el hecho de que su caso comercial se destruirá constantemente a mediano plazo.

El veterano analista de mercado Mark Lewis argumentó el año pasado que vimos un pico de demanda de petróleo. Otros expertos llegan a la misma conclusión. Estamos viendo los efectos devastadores que la quema de petróleo, gas y carbón está teniendo en nuestro planeta y en las personas. Los fenómenos meteorológicos extremos en los EE. UU., Canadá, Europa y más allá significan que el mundo rico, que fue adicto al petróleo durante décadas, ahora siente una inseguridad que los países en desarrollo han sufrido durante años.

El calor y el caos requieren que prevalezcan las mentes políticas frías. Lo bueno es que ya tenemos un plan. El Acuerdo de París, aprobado por 196 países en 2015, es un marco integral para que los gobiernos trabajen juntos en el mayor esfuerzo de la humanidad: alejar la economía mundial de los combustibles fósiles hacia un futuro más limpio, seguro y saludable.

En 100 días, los mismos 195 gobiernos se reunirán en Glasgow para la COP26, un momento necesario de la verdad. Según el Acuerdo de París, todos los países deben realizar nuevos recortes de emisiones más estrictos. El momento es desafiante, pero muchos recordarán la incertidumbre que llevó a la conclusión del Acuerdo de París. El interés colectivo prevaleció, no porque fuera fácil, sino porque un espíritu de optimismo tenaz unió a los líderes mundiales contra la amenaza existencial común del cambio climático.

Este optimismo obstinado es la razón por la que no me han desanimado las objeciones de aquellos interesados ​​en los combustibles fósiles que se acercan a su fecha de caducidad. Sabemos que la ventana de oportunidad se está cerrando y que la única forma de hacerlo es hacer lo que la ciencia nos dice que hagamos: deshacernos de los combustibles fósiles y reconstruir una economía mundial aplastada.

El éxito de la COP26 depende de tres elementos: Primero, todos los países del G20 deben comprometerse a reducir las emisiones en al menos un 45 por ciento. Les digo esto a los líderes de China, India y Australia que aún no han cumplido los objetivos de 2030: es de su interés económico acelerar la conversión de la electricidad a base de carbón y hacer frente a sus inminentes emisiones de transporte. La economía verde es la historia de crecimiento de la década de 2020: se esperan 35 millones de nuevos empleos verdes para 2030.

En segundo lugar, las naciones más ricas del mundo deben cumplir sus promesas. Estados Unidos, la UE, Reino Unido, Japón y otros países del G7 deberán presentar un plan financiero para apoyar a las naciones en riesgo por la Asamblea General de la ONU en septiembre.

En tercer lugar, los directores ejecutivos de las principales corporaciones del mundo deben afrontar la realidad de que solo previniendo la crisis pueden tener continuidad empresarial. Durante demasiado tiempo, las grandes empresas han estado jugando un buen juego mientras trabajaban entre bastidores contra la descarbonización. Necesitamos que designen expertos climáticos en sus juntas directivas, revelen su exposición a los riesgos climáticos, limpien sus cadenas de suministro y lean la nueva estrategia cero neto de la Agencia Internacional de Energía. Este tiene que ser su libro de jugadas para la próxima década porque será la guía regulatoria de sus gobiernos.

100 días no es mucho. El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, debe utilizar todas las palancas que pueda encontrar para alentar a los grandes emisores a cumplir objetivos en línea con una trayectoria de 1,5 ° C. No es momento de dudar: tenemos que confiar en que el número 10 hará lo que sea necesario en este momento. Hay signos de progreso en todas partes, desde las nuevas estrategias de EE. UU. Y la UE para reducir las emisiones de carbono, hasta los planes de prosperidad climática del grupo vulnerable de 20 ministros del Tesoro y las innovaciones en la economía real.

Las soluciones ya existen hoy porque el “Efecto París” ya se ha establecido. Los próximos 100 días tienen que ver con la entrega a tiempo prometida, que requiere un liderazgo valiente y decidido. Todos los días cuentan.

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